Cinco mujeres acusan al Estado belga de crímenes de lesa humanidad


Durante 60 años guardaron silencio y ocultaron a sus familias lo mucho que habían sufrido. ¿Su crimen? Ser hijas de un padre blanco y una madre negra.

Nacer mulato en la década de los cuarenta en el Congo belga era peligroso.

Con apenas dos años, fueron secuestradas y separadas de sus padres para ser enviadas a una misión a miles de kilómetros.

Cinco de estas víctimas acaban de abrir una causa contra el Estado belga por crímenes de lesa humanidad.

“Nos llamaban las hijas del pecado porque no se toleraba la unión entre el hombre blanco y una mujer negra. Por eso nos llamaban hijas del pecado, hijas de la prostitución, cafés con leche. Recibíamos todo tipo de nombres. Y eso nos hizo infelices, llorábamos. Pero les daba igual. Nos excluyeron. Siempre nos sentimos excluidas”, explica Léa Tavares Munjinga, una de las víctimas.

Ni blancas ni negras, no pertenecían a ninguna comunidad. Y en el momento de la independencia del Congo, en 1960, fueron abandonadas. Las monjas que las cuidaban fueron repatriadas y las jóvenes ya adolescentes quedaron a merced de las milicias, que abusaron de ellas.

“Pensamos que venían a protegernos, y al anochecer empezaron a jugar con nosotras. Nos decían tonterías cómo a los niños pequeños y empezaron a quitarnos la ropa y a separarnos las piernas. Nos metían velas para mostrarnos cómo paren las mujeres”, recuerda Simone Ngalula.

El año pasado, el entonces primer ministro, Charles Michel, se disculpó en nombre del Estado. Insuficiente para las víctimas. Su abogado denuncia un sistema organizado para la sustracción de menores.

“Esta política sistemática fue organizada por decreto, fue organizada por una institución que había sido creada para alejar a los niños de su entorno familiar. Tenían miedo de que al ser mitad blancos y mitad negros, hicieran cosas contra los intereses de Bélgica. Así que estamos ante la política racial más sucia que pueda existir”, afirma Christophe Marchand, el abogado de la acusación.

Estas mujeres exigen reparación. Pero con este juicio también quieren recuperar esa parte de su identidad que habían ocultado incluso a sus propios hijos.

“Estas son cosas que nos siempre nos han hecho sentir tristes y hace falta coraje para hablar de ello. Especialmente para hablar de ello con nuestros hijos”, concluye entre lágrimas Marie-Josée Loshi.